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PROFESORA CON LÁTIGO

Hace sesenta años Doña Bertilda  luego de ser una de las mejores alumnas en el colegio es escogida para ser profesora de escuela de un pueblo rivereño en la costa ecuatoriana Borbón,  tenía prácticas de disciplina que son memorables, el lema de ella era “La letra con sangre entra” tenía un fuete torcido de dos patas hecho de cuero de vaca, cuando tomaba las lecciones, quien no la daba bien lo castigaba con latigazos.
En cierta ocasión dejó un deber a sus alumnos en la escuela para que se aprendieran de memoria una poesía que se titula. Niño Indio. Del autor Gastón Figueira.

Niño indio de los llanos,
Conmigo ven a jugar.

Todos los niños de América
Siempre nos hemos de amar.

Niño indio de los bosques,
Conmigo ven a cantar.

Todos los niños de América
Haremos un solo hogar.

Niño indio, niño indio,
Yo te enseñaré a leer.

Todos los niños de América
tenemos sed de aprender,
pues la ignorancia esclaviza
y el saber nos da poder.

Niño indio, niño indio,
conmigo ven a jugar

Todos los niños de América
siempre nos hemos de amar.

Por cada verso que no recitaba era un latigazo, si decía cinco versos y se quedaba callado por que no se aprendió el resto, la profesora le preguntaba que cuantos versos tenía la poesía, la alumna respondía dieciocho, la profesora le indicaba que solo había recitado cinco y que cual era la diferencia, la alumna respondía haciendo la operación mentalmente trece, entonces Bertilda procedía a ejecutar trece latigazos previamente revisando si tenía puesto otro pantalón o algo que amortigüe los azotes; si lograba hacerse a un lado la estudiante para esquivarse este era repetido.
La muerte de Bertilda le llegó en una ocasión que ella regañó a una alumna y esta le contestó en rechazo  de este, lo cual le causó fuerte enojo y le produjo un paro cardiaco.
El hijo de ella logró estudiar medicina y fue director de un hospital en Brasil.
La señora fue esposa de un comerciante exitoso que en ocasiones compraba oro de la cultura prehispánica la Tolita y oro sacado de los ríos cercanos. 







 


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