Llueve con furia sobre la ciudad, millares de gotas, en danza frenética, descienden del cielo como perlas errantes, besando los techos, anegando las calles. Desde las cornisas caen torrentes, ríos cristalinos que empapan la piel, desde la frente hasta los pies descalzos, mientras la urbe se rinde al aguacero. Marzo despierta con su manto de lluvia, paraguas abiertos como alas de cuervos, sandalias y zapatos se pierden en charcos, el trueno retumba, el relámpago hiere, y la atmósfera vibra con su furia plateada. Pero al alba, cuando cesa el estruendo, el aire huele a tierra mojada, y un deseo de canto invade el alma, pues el clima se torna romántico. En la noche, el frío se adueña del viento, el trueno retumba con eco profundo, y un relámpago ciega, rasgando la sombra. Sobre el techo, la lluvia repica, himno metálico de aguas errantes. El agua, errante viajera del cielo, se alza en el día, evapora al sol, regresa en la noche, llanto divino, y en su ciclo eterno de bruma y rocío, hace fl...
Patriarca esmeraldeño de la horqueta, donde el paraíso brota en tierra fértil, germina la semilla ancestral, raíz profunda de los Tello Sevilla, estirpe noble y eterna. Semilla que, al florecer, es grandeza y abundancia, riqueza en la savia, promesa en los surcos, su sombra es patria, su fruto legado, y en su tronco se anida el porvenir fecundo. Patrón majestuoso, de ala ancha y caballo blanco, bigotes que evocan al Quijote, con su estampa altiva, su paso deja huella en la tierra que lo venera, como el eco de un río que jamás se agota. Aquí, seguimos su senda, gran hombre afortunado, en los campos que labra, en la vida que siembra, agricultura y ganadería, su legado inmortal, extensas tierras que su mano firme ha defendido. Leodegar, que navega en el Marañón bravo, y se funde con el Pacífico en Ostiones, blanco y verde es su estirpe, su estandarte, su nombre, en su sangre late el espíritu de un guayacán eterno. Hoy celebramos sus 88 años, con gratitud y admiración profunda, porque uste...